Consultorio(999)196-11-17 Cel.Dra. 9992-22-20-09 Cel.Dr.9992-42-55-64 andre_sulub@hotmail.com / eugo29@hotmail.com

 

INTRODUCCIÓN

 

Aunque en general una dieta equilibrada  y una correcta hidratación  son la base para cubrir los requerimientos nutricionales en la mayoría de las personas que hacen deporte, se sabe que existen necesidades  específicas que van a depender  de diferentes factores, como son las condiciones fisiológicas individuales, el tipo de deporte prac- ticado, el momento de la temporada, el entrena- miento y el periodo de competición1.

 

Los  dos  hechos  demostrados que  más  contri- buyen al desarrollo de fatiga durante el ejercicio físico son la disminución de los hidratos de car- bono almacenados en forma de glucógeno en el organismo  y la aparición  de deshidratación  por la pérdida  por  el sudor  de agua  y electrolitos. Quien quiere optimizar su rendimiento deportivo necesita estar bien nutrido e hidratado.

 

 

 

EVALUACIÓN DE LA NECESIDAD DE LÍQUIDOS

 

La reposición  más  importante  en relación  con el esfuerzo  físico es  el restablecimiento  de  la homeostasis,  alterada  por la pérdida  de agua e iones. De hecho, incrementos en la temperatura y humedad ambientales aumentan la cantidad de sudoración  en, aproximadamente,  1 litro/hora. La evaporación  del sudor es el mecanismo  más eficiente para evitar el calentamiento  del núcleo interno, con el grave riesgo de patología por ca-

lor que suponen temperaturas por encima de los

30ºC.  Dependiendo  de la variación  individual, del tipo de ejercicio y, fundamentalmente, de la intensidad del mismo, la cantidad de sudor pue- de incluso alcanzar valores iguales o superiores a

3 litros/hora2.  Estas pérdidas de líquido interno, necesarias  para  producir  un enfriamiento  en la piel mediante la evaporación del sudor, llevan al deportista a una deshidratación  por una hipovo- lemia hiperosmótica  (debido  a que el sudor  es hipotónico con respecto al plasma). Finalmente, cuando la capacidad  de producir sudor comien- za a limitarse, el núcleo interno sube de tempera- tura y aumenta  el riesgo de una patología grave por calor.

 

Aunque entre  hombres  y mujeres que no  rea- lizan  ejercicio físico  existe una  diferencia  en la capacidad  de termorregulación  favorable  a los varones (entre otras  razones  por su mayor superficie corporal y menor contenido en grasa subcutánea), cuando  se comparan  deportistas de ambos  sexos la diferencia  se minimiza,  ya que  el grado  de entrenamiento,   aclimatación, contenido  en grasa,  etc., es similar y, si fuera ligeramente  favorable al varón,  las mujeres lo compensan  gracias a su mayor eficacia en eva- porar el sudor3,4.

 

Aproximadamente  el  80% de  la  energía  pro- ducida  para  la contracción  muscular  se libera en forma  de calor  en el organismo,  que debe eliminarse rápidamente para no provocar un aumento de la temperatura  corporal por encima de  un  nivel crítico que  tendría  consecuencias muy negativas para la salud. El mecanismo  de la  sudoración,   al  mismo  tiempo  que  “enfría” el cuerpo,  provoca  una  importante  pérdida  de líquidos.

 

La deshidratación  progresiva durante  el ejerci- cio es frecuente puesto que muchos deportistas no ingieren suficientes fluidos para  reponer  las pérdidas producidas. Esto no sólo va a provocar una disminución del rendimiento físico, sino que además  aumenta  el riesgo de lesiones, y puede poner  en  juego  la  salud  e incluso  la  vida del deportista.  Por  este motivo es muy importante elaborar  una  estrategia  capaz  de mantener  un nivel de líquido corporal óptimo mientras se hace ejercicio (tanto en los entrenamientos como en la competición).

 

La deshidratación  afecta el rendimiento  depor- tivo porque:

 

–  Disminuye la obtención de energía aeróbica por el músculo.

 

–  El ácido láctico no puede  ser transportado lejos del músculo.

 

–  Disminuye la fuerza.

 

En función de la proporción  de líquidos perdi- dos se pueden producir las siguientes alteracio- nes5-7:

 

–  Pérdida  del 2%: descenso  de la capacidad termorreguladora.

 

–  Pérdida del 3%: disminución de la resistencia al ejercicio, calambres, mareos, aumento  del riesgo de sufrir lipotimias e incremento de la temperatura  corporal hasta 38 grados.

 

–  Pérdida  del 4-6%: disminución  de la fuerza muscular,  contracturas, cefaleas y aumento de la temperatura  corporal hasta 39 grados.

 

–  Pérdida  del 7-8%: contracturas graves, ago- tamiento, parestesias, posible fallo orgánico, golpe de calor.

–  Pérdida mayor de un 10%: comporta un serio riesgo vital.

 

Por  ello, aunque  existen características  indivi- duales que establecen diferencias muy marcadas entre los deportistas  (factores ambientales,  acli- matación  previa, estado de entrenamiento,  peso corporal, ingesta de fármacos, etc.), se puede de- cir que el primer consejo que debe establecerse en relación con la realización de un ejercicio físico, más o menos intenso, es la necesidad de reponer los líquidos perdidos.

 

El descenso  de peso  producido  por  la evapo- ración del sudor  es muy variable. Una manera sencilla de saber  la cantidad  de agua  perdida en una  actividad física es pesarse antes y des- pués de realizar el ejercicio, ya que en esfuerzos inferiores a 3 horas  la pérdida  de agua  por la respiración  es  poco  significativa,  comparada con la que se produce  a través del sudor.  Si el deportista  se pesa  en las mismas  condiciones durante varios días (al levantarse, por ejemplo), las variaciones pueden reflejar su estado de hidratación  previo al esfuerzo  y, al comparar el peso  antes  y después  de la actividad  física, se determina  el grado  de deshidratación  pro- vocado por el ejercicio8,9. También  la densidad de la orina  (examinada  mediante  los cambios de coloración) puede ser un complemento de la observación anterior10.

 

 

 

NECESIDADES DE ELECTROLITOS

 

Debido a que el líquido que se pierde del medio interno  se elimina en forma  de sudor,  su com- posición es clave para determinar las cantidades de solutos que hay que reponer. Sin embargo, se debe tener en cuenta que el rango de electrolitos en el sudor es muy amplio y varía en función del grado de aclimatación. La concentración del ión sodio en el sudor oscila entre 10 y 70 mEq/L, la del ión potasio  entre 3 y 15 mEq/L,  la del ión calcio entre 0,3 y 2 mEq/L  y la del ión cloruro entre 5 y 60 mEq/L11. Debido a que la aclimata- ción mejora la capacidad  para  reabsorber  Na+, las personas  adaptadas a las condiciones  am- bientales de la zona  presentan  concentraciones más bajas de Na+  en el sudor (más del 50% de reducción).

COMPOSICIÓN  Y PAUTAS DE REPOSICIÓN  DE FLUIDOS

 

Electrolitos durante el ejercicio

 

La reposición  de los iones tiene una  jerarquía basada en la situación clínica que puede producir la alteración de cada uno: la disminución de los niveles de sodio en sangre durante  los esfuerzos físicos ha provocado situaciones de máxima gra- vedad e incluso el fallecimiento del deportista12-15. La hiponatremia  asociada  a beber agua sola en ejercicios de  larga  duración  ha  sido  causa  de graves patologías  (desorientación, confusión  e incluso crisis epilépticas)16. Durante  este tipo de esfuerzos, el consumo  de grandes cantidades de agua  pura  puede  ocasionar  un desplazamiento de Na+ del medio extracelular hacia el intestino, ocasionando   una  aceleración  en  la  reducción del Na+   plasmático.  De  hecho  se han  produ- cido muertes por encefalopatía hiponatrémica relacionadas  con un elevado consumo  de agua (como en el maratón  de Boston de 2002).

 

El ión sodio  es, por  tanto,  el único  electrolito que añadido  a las bebidas consumidas  durante el ejercicio proporciona  beneficios fisiológicos. Una concentración  de Na+  de 20 a 50 mmol/L (460-1150  mg/L)  estimula  la  llegada  máxima de agua  y carbohidratos al intestino  delgado  y ayuda  a mantener  el volumen de líquido extra- celular1.

 

Las pérdidas del ión potasio son mucho menores (4-8 mmol/L), lo que, asociado a la hiperpotase- mia observada en los esfuerzos físicos intensos, hace que su reposición no sea tan necesaria como la del ión sodio, al menos durante el tiempo que dura la ejecución del esfuerzo, aunque sí es con- veniente que se incluya en las bebidas utilizadas para  reponer  las pérdidas  una vez finalizada  la actividad física, ya que el potasio favorece la re- tención de agua en el espacio intracelular, por lo ayuda a alcanzar la rehidratación  adecuada17,18.

 

Electrolitos después del ejercicio

 

Aunque la reposición electrolítica, al finalizar la ejecución de un esfuerzo, depende de numerosas circunstancias (duración, temperatura y humedad de la zona, aclimatación, etc.), hay algunos hechos fundamentales  que pueden marcar las pautas:

–  La ingesta de agua sola en un organismo des- hidratado  por las pérdidas  sudorales  (como ocurre después de hacer ejercicio intenso y/o durante el transcurso del mismo), tiene como consecuencia una rápida caída de la osmolali- dad plasmática y de la concentración de sodio lo que, a su vez, reduce el impulso de beber y estimula  la diuresis,  con  consecuencias  po- tencialmente  graves  como  la  hiponatremia. Por ello, la rehidratación posterior al esfuerzo físico no se consigue de forma adecuada  con agua  sola19. La cantidad  de orina eliminada después de un esfuerzo físico es inversamente proporcional  al sodio ingerido. Este ión es el único que ha demostrado  su eficacia en estu- dios de reposición de líquidos.

 

–  En el ejercicio, durante la contracción muscu- lar, se produce una pérdida de K+  intracelular debido  a la actividad  muscular  y, como  re- sultado, hay un aumento  de la concentración plasmática  de este catión; tras el ejercicio se recupera  la concentración  de K+  intracelular de los músculos y los niveles plasmáticos  de este ión  vuelven rápidamente  a  sus  valores basales. No existen evidencias de que las pér- didas de este ión, como resultado del ejercicio, sean de la suficiente magnitud como para afectar la salud o el rendimiento del deportis- ta20. De todas maneras, hay que recordar que el potasio ayuda a alcanzar una rehidratación adecuada   (optimiza  la  retención  de  agua), por lo que resulta positiva su inclusión en las bebidas utilizadas después del ejercicio.

 

HIDRATOS DE CARBONO

Aunque  la hidratación  es la primera  medida  a adoptar en relación con la realización de ejercicio físico, hay que considerar otros factores vincula- dos con el propio  esfuerzo. En este sentido, se sabe que la concentración de glucógeno en el hí- gado y los músculos utilizados durante la activi- dad marca la capacidad de mantener un esfuerzo

prolongado en deportes aeróbicos21. De hecho, el entrenamiento  en este tipo de deportes consiste, principalmente,  en  acostumbrar   al  organismo a utilizar al máximo las grasas como fuente energética (mediante su oxidación) y en aumen- tar las reservas de glucógeno en el hígado y los músculos22. El almacén de glucógeno es limitado (10-12% del peso en el hígado y 1-1,5% del peso en los músculos).  Se puede conseguir el ahorro de glucógeno manteniendo  la glucemia a través del aporte  exógeno de glucosa.  Si se compara con la ingesta de agua sola, al añadir hidratos de carbono a una solución, consumiéndola a un rit- mo de 1 g/min, se reduce la oxidación de glucosa en el hígado hasta un 30%23. En este sentido, está demostrado  que el aporte  de carbohidratos en las bebidas de rehidratación  durante  el esfuerzo mejora el rendimiento del deportista24.

La cantidad  de hidratos  de carbono  a suminis- trar en la bebida viene marcada por los siguientes condicionantes:

–  El límite de utilización de la glucosa por el deportista,  que está en 60 g/h25.

–  El  límite  de  vaciamiento  gástrico  y de  la absorción  intestinal  de la solución, que de- terminan la asimilación del líquido bebido26.

Respecto  al límite de utilización  de glucosa, la máxima cantidad de ella que interesa suministrar durante  la práctica del deporte se puede conse- guir bebiendo 1200 ml. en una hora de una so- lución que contenga un 8% de carbohidratos en forma de glucosa, sacarosa  y/o maltodextrinas. La absorción  de la glucosa  está  sujeta  (en  un primer momento) a un mecanismo de transporte activo  dependiente  del  ión  sodio  sobre  todo, y de la vía paracelular  cuando  están  presentes altas concentraciones  luminales. La fructosa  se absorbe por difusión facilitada (un sistema de transporte  relacionado  con las disacaridasas) y mediante el transporte  facilitado por la glucosa. Estas vías de absorción diferentes y complemen- tarias hacen que se pueda recomendar la mezcla de  carbohidratos. De  hecho,  no  existen datos concluyentes sobre el tipo de carbohidrato que da mejor resultado  en las bebidas; para algunos

autores  hay ligeros argumentos  a favor de em- plear polisacáridos (maltodextrina) por el menor aumento  de osmolalidad  que producen,  junto a glucosa y fructosa27. La glucosa aumenta  la ac- tividad de la Na+-K+-ATPasa, al menos in vitro, lo que es una razón favorable para su inclusión en estas formulaciones28.  Para  otros autores,  la sacarosa,  por  su mejor sabor,  es el hidrato  de carbono más conveniente.

El Colegio Americano de Medicina del Deporte (ACSM)29  recomienda  que la bebida  tenga  un alto índice glucémico (mejor aún, una alta carga glucémica) y sostiene que la mayor utilización de los hidratos  de carbono  se logra mediante  una mezcla de ellos (p. e. glucosa, sacarosa, fructosa, maltodextrina). De los hidratos de carbono utili- zados, la glucosa, con 97, es la que mayor índice glucémico tiene, seguida de la sacarosa (glucosa más fructosa), con un índice de 6530.

Con  respecto  al vaciamiento  gástrico,  hay que considerar los siguientes factores:

–  Circunstancias  que estimulan el vaciamiento:

–  El aumento del volumen gástrico: produce distensión  de la pared de este órgano,  lo que provoca reflejos mientéricos  que au- mentan la actividad de la bomba pilórica, acelerando el vaciamiento gástrico.

– La presencia de gastrina, que estimula ligeramente la bomba pilórica.

–  Factores que inhiben el vaciamiento:

–  El grado de distensión del duodeno.

–  La irritación de la mucosa duodenal.

–  El grado de acidez del quimo duodenal.

–  El grado de osmolalidad del quimo.

–  Cantidad  excesiva de proteínas  o grasas en el estómago.

–  La presencia  de líquidos hipotónicos  o hi- pertónicos (sobre todo estos últimos), ya que desencadenan  reflejos enterogástricos  que enlentecen o inhiben el vaciado gástrico.

–  Deshidratación previa.

–   Intensidad   del  ejercicio por  encima  del

80% del VO2max.

El tiempo que suele tardar el estómago en vaciar

1 litro de líquido varía entre 1-1,5 h, pero este ritmo de vaciamiento gástrico depende de un amplio conjunto  de factores,  entre los que son determinantes  la naturaleza  de los solutos  y el valor  energético  de la bebida31.  A partir  de la cantidad  aproximada  de 600 ml, cuanto  mayor es el volumen del contenido  gástrico, más rápi- do es el vaciamiento. A medida que el volumen disminuye,  la evacuación  se lentifica. Por  este motivo, para mantenerla a un ritmo adecuado es conveniente reponer las cantidades eliminadas mediante la ingestión repetida de líquidos.

La absorción  de los hidratos  de carbono,  agua y electrolitos  se lleva a cabo  en las primeras  por- ciones del intestino delgado (duodeno  y yeyuno). Se calcula que cantidades  óptimas  de absorción intestinal son entre 600-800 ml para el agua, y unos

60 gramos para la glucosa. Cuando se bebe más de un litro de líquidos a la hora, los excedentes pueden acumularse y producir molestias intestinales.

LA BEBIDA PARA EL DEPORTISTA

Según  la  legislación  española,  Real  Decreto

1444/2000 de 31 de julio32, las bebidas para deportistas  se consideran  dentro  de los prepa- rados alimenticios para regímenes dietéticos y/o especiales, en el epígrafe de alimentos adaptados a un intenso desgaste muscular, sobre todo para deportistas. Estas bebidas presentan una com- posición específica para conseguir una rápida absorción de agua y electrolitos, y prevenir la fa- tiga, siendo tres sus objetivos fundamentales33:

–  Aportar hidratos de carbono que mantengan una  concentración  adecuada  de glucosa  en sangre y retrasen  el agotamiento  de los de- pósitos de glucógeno.

– Reposición de electrolitos, sobre todo del sodio.

–  Reposición hídrica para evitar la deshidrata- ción.

Estas bebidas deben tener una buena palatabili- dad, por lo que es razonable pensar que se con- sumirán con más facilidad que el agua sola.

En febrero de 2001, la Dirección General de Salud y Protección del Consumidor  de la Comisión Eu- ropea, a través del Comité Científico de Alimen- tación Humana, redactó un informe sobre la com- posición de los alimentos y las bebidas destinadas a cubrir el gasto energético en un gran esfuerzo muscular, especialmente en los deportistas1.

En este documento  se indica que los alimentos y líquidos  especialmente  adaptados ayudan  a solucionar problemas específicos para que se pueda  alcanzar  un balance  nutricional  óptimo. Estos  efectos  beneficiosos  no  están  limitados sólo a deportistas  que realizan un ejercicio mus- cular regular e intenso, sino también a aquellas personas  que por sus trabajos  hacen  esfuerzos importantes   o  en  condiciones  adversas,  y a aquellas personas que durante su tiempo de ocio hacen ejercicio físico y entrenan.

En este documento  se indica que la bebida de- portiva  debe  suministrar  hidratos  de  carbono como fuente fundamental  de energía y debe ser eficaz en mantener la óptima hidratación  o rehi- dratar,  recomendando   los  siguientes  márgenes en la composición de las bebidas para tomar durante la práctica deportiva1:

–  No menos de 80 kcal por litro.

–  No más de 350 kcal por litro.

–  Al menos el 75% de las calorías provendrán de hidratos  de carbono  con un  alto  índice glucémico (glucosa,  sacarosa,  maltrodextri- nas).

–  No más de 9% de hidratos  de carbono:  90 gramos por litro.

–  No menos de 460 mg de sodio por litro (46 mg por 100 ml / 20 mmol/l).

–  No más de 1150 mg de sodio por litro (115 mg por 100 ml / 50 mmol/l).

–  Osmolalidad   entre  200-330  mOsm/kg  de agua.

OTROS COMPONENTES DE LAS BEBIDAS DE REPOSICIÓN

Antioxidantes

Durante el ejercicio físico, el consumo de oxígeno por parte  del músculo puede aumentar  más de

100 veces34,35 y el consumo  de oxígeno del orga- nismo entero puede aumentar  hasta 20 veces. Es razonable, por tanto, suponer que la producción mitocondrial de oxígeno se halle igualmente incrementada. Reacciones entre superóxidos originan  otras  especies reactivas de oxígeno, el peróxido de hidrógeno y, en última instancia,  el radical hidróxilo36,37. Se puede considerar, por tanto, que durante  la realización de un esfuerzo físico intenso se produce un estrés oxidativo.

La  ingesta  de antioxidantes  para  minimizar  el daño provocado por las especies reactivas gene- radas en la cadena transportadora de electrones, ha dado  distintos  resultados  a la hora de valo- rar un aumento  del rendimiento,  por lo que su presencia en las bebidas para  deportistas  no es imprescindible38-44.

Aminoácidos ramificados

Los  deportes  aerobios  de muy larga  duración no son tan dependientes de factores metabólicos como los que se realizan por debajo de las tres horas  de duración.  Existen argumentos  sólidos para  considerar  que hay factores hormonales  y de neurotransmisión implicados en la fatiga, de hecho, a este tipo de fatiga se la llama “central”45, e implica básicamente a la serotonina (5-HT). En este sentido, se ha comprobado  que el aumento de serotonina está relacionado directamente con la fatiga en ratas46 y en el ser humano se presume que también.  Pues bien, debido a que la 5-HT no puede atravesar  la barrera  hematoencefálica (BHE) y a que su precursor, el triptófano (TRP), sí puede,  la concentración  de este neurotrans- misor en el cerebro será muy dependiente  de la concentración de TRP libre en sangre47. Es lógico

suponer, en este punto, que al conocer la relación tan directa que hay entre el metabolismo  de un aminoácido (el triptófano)  y la concentración en cerebro  de 5-HT,  se haya  intentado  manipular la ingesta  de  aminoácidos  durante  la práctica deportiva  con  el interés  básico  de  suministrar competidores de la absorción y transporte  de un aminoácido precursor de un neurotransmisor relacionado con la aparición de la fatiga48, sobre todo  teniendo  en cuenta  que en ratas  ha  sido plenamente  demostrado  que la ingesta de ami- noácidos ramificados, como la valina, previenen el aumento  de la concentración  de 5-HT  en el hipocampo  durante  el esfuerzo intenso y consi- derando  que también  está demostrada en ratas la relación directa entre el aumento de 5-HT y la fatiga durante el ejercicio extenuante49. El primer factor que se intentó manipular  fue la competi- ción con el TRP en el transporte  a través de la BHE. En este sentido, se realizaron  numerosos estudios  en los que se suministró  al deportista aminoácidos  ramificados durante el esfuerzo. El resultado  fue un consenso  generalizado  de que, mientras que la ingesta de fármacos que aumen- tan la recaptación de 5-HT aceleran la fatiga50,51, los aminoácidos  ramificados  (AAR) no provo- can cambios en la percepción de fatiga ni en el desempeño del deportista52-56.  Por otro lado, los ensayos  clínicos buscando  la relación  entre  la ingesta de distintas dietas antes del esfuerzo y la relación TRP/AAR antes, durante  y después del esfuerzo,  han  mostrado  que los cambios  en la relación TRP/AAR durante  el esfuerzo no afec- tan al rendimiento del deportista57. Por todo ello, mientras que el uso de carbohidratos en las bebi- das para deportistas  está plenamente  aceptado, no sólo por sus efectos ergogénicos, sino porque mejoran la cognición y el humor58,  la ingesta de AAR no está consensuada.

Proteínas

El beneficio de añadir proteínas intactas a la bebida para  el deportista  es un tema de debate en la actualidad. Algunos estudios demuestran el efecto anabólico del suero lácteo tras un esfuerzo prolongado59.   Otro  efecto  muy  importante   de las proteínas del suero de leche es el incremento del depósito  de glucógeno60,  fundamental  para

acelerar la recuperación tras la realización de ejercicios de larga  duración61.  También  se han realizado investigaciones que han confirmado un menor daño muscular cuando se toman bebidas con proteína durante el esfuerzo62.

El concentrado   proteínico  ideal para  añadir  a una  bebida  para  deportistas  sería  el suero  de leche (el líquido que queda  al quitar  la caseína y grasa  de  la  leche tras  la  adición  de  cuajo). Está  compuesto  por  beta-lactoglobulina, alfa- lactoalbúmina,  albúmina (de suero bovino), lac- toferrina, inmunoglobulinas, lactoperoxidasas, glicomacropéptidos, lactosa  y minerales.  Otra alternativa es aportar sólo las lactoproteínas séricas, es decir el suero de leche desprovisto de la lactosa, lo cuál puede ser útil en personas con déficit de lactasa.

Grasas

En principio no es conveniente incluir grasas en las bebidas  de reposición,  en base  al aumento calórico que representan  y a la disminución  del vaciamiento gástrico que conllevan. Sin embar- go, existen dos argumentos  que han justificado distintos  estudios  sobre  la inclusión  de ácidos grasos en las bebidas de reposición.

Por un lado se sabe que los ácidos grasos libres

-que aumentan  en plasma con la lipolisis induci- da por el ejercicio físico de larga duración- incre- mentan la fracción de triptófano  (TRP) libre en plasma  al competir  con su transporte  mediado por la albúmina.  El TRP libre aumenta  cuando la concentración de ácidos grasos en plasma asciende por encima de 1 mmol/L y esta concen- tración se da cuando  el glucógeno muscular  se agota, lo que tiene como consecuencia el aumen- to de ácidos grasos en plasma.

Posteriormente  la investigación se centró  en la fatiga del deportista,  ya que se conoce la íntima relación  entre  la presencia  de triptófano  libre, aminoácidos   ramificados  (AAR) competido- res en el transporte  del triptófano  a través de la  barrera  hematoencefálica  (BHE)  y ácidos grasos libres competidores del transporte  de triptófano  en plasma mediante la albúmina.  En este sentido, ya se han realizado ensayos clínicos buscando la posible disminución de la sensación de fatiga utilizando  ácidos grasos n-3. Sin em- bargo, estos ensayos no han sido satisfactorios hasta  el  momento,  así  Huffman,  et  al.63,  en

2004 empleando  dosis de 4 g de n-3 (cápsulas de 500 mg conteniendo  300 mg de EPA y 200 mg de ácido  docosahexaenoico) realizaron  un estudio en corredores populares de ambos sexos, no encontrando  disminuciones  de TRP libre ni menor percepción  del esfuerzo, ni aumento  del rendimiento de forma estadísticamente significa- tiva, aunque sí existía una tendencia a mejorar el rendimiento en los sujetos que consumieron n-3, dejando los autores la posibilidad de que fuera el bajo número  de sujetos estudiados  (5 hombres y 5 mujeres) lo que había restado potencia esta- dística al estudio. Estos investigadores dejaron, en sus conclusiones, la puerta  abierta a futuros ensayos realizados con más personas  y también quedó  en el aire una  cuestión  de gran  interés por resolver, cuál era la diferencia de género en los resultados  -que sin ser tampoco  estadística- mente  significativa-  presentaba   una  tendencia muy marcada  hacia las mujeres, que serían más sensibles a la mejoría del rendimiento  al tomar ácidos grasos n-3.

 

Los últimos  estudios,  realizados  por investiga- dores españoles, demuestran  que el DHA (ácido docosahexaenoico), tomado de forma crónica en dosis bajas (0,5 g) y en forma de lípido estructu- rado, puede ser un complemento  importante  en la reposición de la homeostasis  durante  esfuer- zos físicos moderados  e incluso intensos64.